Unas mil personas contaron los organizadores; menos de 600, los agentes de tránsito y vialidad
JORGE COVARRUBIAS
“¡Váyanse a chingar a su madre a chilangolandia!”, espetó un hombre enardecido a bordo de una camioneta Touareg 2011 de la marca Volkswagen, a integrantes de El Barzón Popular, la Asamblea de Afectados
Ambientales, Ciudad para Todos, ex braceros, estudiantes de la
Universidad de Guadalajara, campesinos, danzantes de La Magdalena,
Zapopan, habitantes de Tenacatita y Temacapulín, que se acomodaban en
ese instante en torno a la Glorieta de la Minerva para partir rumbo a
Palacio de Gobierno con la exigencia al mandatario Emilio González
Márquez de dar marcha atrás a la presa El Zapotillo. Unas mil personas
contaron los organizadores de la marcha; menos de 600, según las
estimaciones de los agentes de tránsito y vialidad.
El hombre sin bajar de su palacio rodante lanzaba insultos, mentadas de madre y escupitajos.
–¿Está enterado del poblado de Temacapulín que será inundado por la presa El Zapotillo? se le preguntó.
–¡Me vale madre!, sentenció el hombre de unos 45 años de edad, tez blanca y cabello cano.
Con ese episodio comenzó el nuevo capítulo de batalla para los habitantes de Temaca, quienes salieron del poblado a las 6:30 de la mañana en diversos vehículos para
llegar a las 9 horas a la Minerva. Ahí estaban niños, jóvenes y
ancianos, los mismos que el lunes pasado bloquearon el acceso al predio
de Talicoyunque donde se construye el nuevo centro de población para
reubicar a los afectados al término de la cortina del embalse.
“¡Emilio miente… con todos los dientes!”… “¡Gobierno mamón… Emilio es un
cabrón!” … “¡el pueblo se cansa de tanta p***** transa!”… eran las
consignas que se coreaban entre las agrupaciones mientras bajaban por
avenida Hidalgo con rumbo al primer cuadro de la ciudad. “¡Inúndame
ésta!”, la frase escrita en un cartel que sostenían jóvenes completaba
el paisaje sonoro de expresiones.
La imagen de la Virgen de los Remedios –muy parecida a la de Zapopan– sostenida por habitantes de Temaca iba al frente de la caravana y detrás de ella un grupo de danzantes
denominado Lanceros de Santa Lucía, compuesto por jovencitos de entre
los 12 y 15 años. Sus teguas de dos kilos en cada pie, pespuntaban el asfalto a cada paso con una sincronía casi exacta en sus movimientos.
Para cuando llegaron a la Plaza de Armas, los guardias de Palacio de
Gobierno los esperaban ya con las puertas cerradas; jaloneos, estirones
y los gendarmes fueron expulsados, también del kiosco, al que no se
subían desde al menos hace tres años las organizaciones civiles, cuando
por decreto el mandatario ordenó su custodia permanente por parte de
elementos de la policía del estado. La muchedumbre se arremolinó en las
puertas y empujaron varias veces para tratar de abrirlas. No se pudo,
desde adentro habían reforzado la seguridad. Dejaron de trabajar en ese
instante los trabajadores que restauran el edificio, a riesgo de que
durante la acción cayera uno de ellos del entarimado.
“Sí no nos abren vamos a cerrar 16 de Septiembre”, advirtió el padre Gabriel Espinosa Íñiguez, párroco de La Magdalena allá en Tesistán, Zapopan.
“Los invitamos a formar una comisión de diálogo”, se escuchó una voz, la del jefe de Atención a Manifestaciones, Alberto Cota.
“Lo que pasa es que cuando nosotros venimos a buscar al gobernador siempre
hay mesas de diálogo pero nunca se resuelve nada”, reviró la diputada
del PRD, Olga Araceli Gómez Flores, quien los acompañó en el trayecto
de la marcha.
Al final, no hubo nada, ni gobernador, ni comisión, ni interlocutores, y ni el permiso para entrar al edificio.
“El 23 de mayo de 2008 prometió visitar Temacapulín y ya van dos años y
creo que no tiene tiempo para visitarnos, entonces nosotros hemos
venido, esperamos que tenga tiempo para recibirnos”, añadió el
sacerdote.
El bloqueo de la avenida 16 de Septiembre fue áspero, rudo. Los BMW, los Honda, los Toyota, los Dodge, los Ford, los Chevrolet se toparon con una barrera de gente humilde, sin techo, desposeída. Ahí
estaban los del Barzón Popular que buscan vivienda digna, los de Temaca que
no quieren perderla, los de la playa de Tenacatita que quieren
recuperar sus tierras, y los ex braceros que exigen la devolución de sus
ahorros. Una mujer no soporto más y se abrió paso aventando su
camioneta a la muchedumbre por una de las banquetas. Alguien pudo
resultar herido, se lamentaron.
Después del incidente regresaron a Palacio de Gobierno, ya estaban apostados una docena de policías
antimotines armados con macanas y escudos. Un vagabundo ebrio que
atravesaba el lugar los encaró y los retó a golpes. “¿Sabes cómo se les
quiebra esa mascarita?” preguntó y ofreció la respuesta: “con una
botellita o una piedra”.
Al corte de esta edición los habitantes permanecían en la Plaza de Armas, dispuestos como dijo el padre
Gabriel, a acampar por tiempo indefinido hasta que el gobernador acepte
entrevistarse con ellos. Otro tanto continúa en el predio de
Talicoyunque. Al mandatario le dejaron una carta.
“Señor gobernador, en sus manos tiene la posibilidad de cancelar de manera
definitiva esta pesadilla que es la presa El Zapotillo, que nos afecta a
los pobladores de Temacapulín, Acasico y Palmarejo, pero también a
todos los jaliscienses”.
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